"El Dr. Kinsey estaba intrigado por mi ausencia de culpabilidad sexual. Le dije que posiblemente fuese una cuestión de clase. Que yo sepa nadie de mi familia ha padecido ese tipo de culpabilidad, un trastorno típico de las clases medias del cual parece estar exenta la gente en el poder. Cada uno hacíamos lo que queríamos y no le dábamos más vueltas. Kinsey me dijo que yo no era "homosexual", sin duda porque nunca chupé ninguna polla ni me dieron por culo. Aun así estaba consiguiendo el récord mundial de encuentros anónimos con jóvenes, situándome a la altura del ajetreado Jack Kennedy con su rutina de a chica por día. No me hubiera interesado de ninguna otra manera, pues ya por entonces no creía en las categorías sexuales establecidas; y, por último, parece que tampoco Kinsey creía en ellas. Pero esa atracción primaria (¿por la otra mitad?) es innata e inmutable y rara vez una "elección", como pretenden los ignorantes."
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